Antes estaba perdida, vivía en otro mundo, uno irreal, donde me sentía sola. Caminé durante mucho tiempo, buscando algo que me llevase a mi hogar pero cada vez que lo encontraba, ese algo desaparecía casi al instante.
Llore durante noches y días enteros, creyendo ser la única habitante de aquel mundo irreal y al fin me di por vencida. Me quedé agazapada en un rincón de aquel lugar, sola, esperando a que llegase mi hora pero allí parecía que el tiempo pasaba más lento que nunca. Entonces la vi. Una luz preciosa, brillante y cautivadora. Me acerqué a ella, aún temerosa, pero una cálida mano cogió la mía y me sacó de la oscuridad.
Aún recuerdo lo primero que vi al salir, unos ojos marrones, los mas hermosos que he visto nunca y un rostro, un rostro que jamás me cansaré de mirar...
Pero había más rostros y más manos tendidas, esperando a abrazarme y a no dejarme volver jamás a aquel oscuro lugar. Por eso, cada vez que mi mundo se viene abajo, cada vez que no hay luz para romper la oscuridad o cuando las olas golpean la costa y no logro encontrar mi camino a casa miro esos ojos y me aferro a aquellas manos, porque sé que me guiarán sana y salva.
Gracias a todos aquellos que nunca me han dejado caer...
Sabes que aquí tendrás siempre dos manos a las que aferrarte si ves que te caes... jamas dejare que caigas !!
ResponderEliminarTe Quiero !!
Daniel
Ponpo. Si te has leído todas las entradas que no te habías leído, tienes mi total admiración, porque me supongo que habrán sido unas cuantas... jeje.
ResponderEliminarCariño, me alegro muchísimo de que estés mejor. Ya sabes que nunca te dejaré caer, que si caes tú, yo estaré para levantarte las veces que sea necesario.
Eres un solete (#)
Te quieroo!